
El nuevo álbum de PINEGROVE, 11:11, es un triunfo sin paliativos, un disco que se apodera de los oyentes con canciones llenas de gancho que impregnan sentimientos de calidez, urgencia y belleza poética, incluso cuando plantea algunas de las grandes y difíciles preguntas de la vida. En anteriores grabaciones de PINEGROVE, Sam Skinner, miembro de la banda, suele encargarse de las tareas de mezcla, pero esta vez ha sido Chris Walla, conocido productor y antiguo miembro de Death Cab for Cutie, quien ha asumido el papel. Hall, que coprodujo 11:11 con Sam, calificó la producción del anterior álbum, Marigold, de 'nítida y contenida' y buscó una sensación más 'desordenada' para estas nuevas canciones. 11:11 cuenta con exuberantes paisajes sonoros, órganos, el melódico y aventurero toque de bajo de Megan Benavente, el característico trabajo de guitarra de Josh Marre y un invitado especial -Doug Hall, el padre de Evan- que toca el piano en muchos temas. El disco suena íntimo, pero expansivo. 'Dedica el mismo tiempo al optimismo, a la comunidad, a la reafirmación de lo que somos y al deber de cuidarnos unos a otros', dice el cantante Evan Stephens Hall. 'Hay rabia, amor, esperanza y dolor. El disco tiene todo eso'. El mini tema épico que abre el disco, 'Habitat', es una obra maestra de texturas en dos partes, rebosante de robustas guitarras percusivas e impulsada por inquietantes cambios. Otro tema clave es 'Alaska', un alegre retozo de denso y vigoroso rock de guitarras, que sale de la puerta con fuerza tectónica y con ganchos a cada paso. Más adelante, la canción 'Iodine', de aire fresco y con tintes de folk, brilla con exquisitas armonías vocales, y 'Flora' es una hermosa apología de la naturaleza, con un lujoso country rock que se siente conectado a maestros del pasado como los Flying Burrito Brothers o los primeros Wilco.