Este poemario nace desde el dolor, la enfermedad, desde el vacío. En sus versos conviven la muerte, la ternura y el amor, la soledad, la falta de sentido, la fragilidad y las llamas de la rabia. Mi voz en estos poemas es íntima, pero directa, intenta mirar de frente a aquello de lo que la mayoría estamos asustados y evitamos mirar. El poemario no pretende esperanzar ni consolar a quien lo lea, sino acompañar: nombrar lo innombrable, hacer visible la herida. Acompañar con sus palabras a todo aquel que se vea sumido en el abismo.