La devoción a la Virgen María como intercesora divina ocupa un papel central en el catolicismo hispánico y estimula una amplia gama de emociones, desde la pura alegría hasta la empatía y la tristeza. Las festividades marianas marcan el calendario litúrgico a lo largo del año, con la Asunción de María (advocación de la Catedral de México) y la Inmaculada Concepción (a la que se consagran las catedrales de Puebla y Durango) como algunas de las más sobresalientes. Este compendio de quince arias y dúos marianos en romance de Ignacio Jerusalem incluye algunas de las composiciones más alegres del compositor, además de piezas que representan empáticamente las penas de María. Entre las obras destacadas se encuentran dos arias solistas con flauta obligada y orquesta de cámara, Cristal bello y Qué dolor, qué desconsuelo.