El miedo es una emoción modelada por millones de años de evolución. Cumple una función adaptativa, orientada a preservar al individuo y la especie: huida, búsqueda de protección o evitación del daño. En sí mismo, no puede considerarse patológico, pero por razón de su intensidad, duración o inadecuación a las circunstancias pueda volverse disfuncional, dando lugar a fobias y trastornos de ansiedad con graves limitaciones para la vida cotidiana.Hay dos estrategias básicas para vencer el miedo: aumentar las capacidades del sujeto ante el peligro o bien reducir el poder amenazante de las circunstancias vitales. Por eso, tanto la educación como la terapia pueden tener un papel fundamental en su abordaje, potenciando los recursos del sujeto para hacerlo sentir menos vulnerable a las adversidades y contribuyendo a un mejor entendimiento de los contextos para aprender a manejarlos, transformarlos, y así liberarlos de su poder constrictivo.