Cuando Joell Ortiz irrumpió en escena en 2006, su estilo lírico siempre se sintió natural con los chicos de Slaughterhouse. Eso podría considerarse una crítica, pero en realidad es la fuerza, ya que no solo es identificable, sino que su personalidad brilla donde muchos animales de la rima fallan. Esta es su última entrega, presentado en formato Long-Box.