Los Motetes pueden considerarse algunas de las composiciones más perfectas e hipnóticas de Bach. A través de su extraordinaria complejidad y densidad, requieren un virtuosismo y una sensibilidad excepcionales de todos los intérpretes. Cada uno de ellos es infinitamente fascinante y cada uno habita su propio mundo sonoro. El uso magistral del canon, la fuga y el contrapunto por parte de Bach y la brillante explotación de las sonoridades de doble coro se combinan perfectamente con el virtuosismo del Coro Monteverdi.