Considerado una de las figuras legendarias de la dirección orquestal en el pasado siglo veinte, Thomas Beecham inició su formación musical en las Escuelas Rossal y Watham, en Oxford; y su padre, un acaudalado industrial y amante de la música, le propició las primeras oportunidades de probar sus aptitudes como director de orquesta. En la dirección sinfónica, Beecham ganó mucho nombre y experiencia con la Orquesta Halle, la cual dirigió hasta 1920. Pero, uno de los grandes acontecimientos de la vida artística de Beecham fue la creación, en 1932, de la Orquestas Filarmónica de Londres, cuya calidad sonora llegó a ser comparada con la de las mejores orquestas europeas y norteamericanas. Dicha orquesta estaba al servicio, tanto de la Real Sociedad Filarmónica, como del Covent Garden, por lo que Beecham tenía en sus manos los dos grandes centros de la música sinfónica y operística en la capital británica. Y del trabajo incesante de Beecham con la Filarmónica de Londres, con la Orquesta Filarmónica Real, que fue fundada por él en 1947, y con todas las grandes orquestas del mundo que dirigió como invitado, ha quedado constancia en una discografía tan extensa, que existe hoy una Fundación dedicada a recoger, conservar y difundir esas grabaciones.