La grabación en vivo del Concierto para piano n. 4 de Beethoven del Festival de Edimburgo de 1966 junto con el distinguido acompañamiento de Sir John Barbirolli producen una interpretación de gran poesía, imaginación y poder. Gilels tenía un oído maravilloso y discriminatorio y durante todo el concierto aporta una calidad de música de cámara a su interpretación cuando la partitura lo exige. Gilels grabó la obra en el estudio en 1957 y 1968, pero hay muy pocas representaciones en vivo disponibles en las que el pianista esté 'atrapado en el aire' con un buen sonido. El Concierto para piano n. 2 de Tchaikovsky en la versión abreviada de Siloti de 1959 saca a relucir la increíble técnica y el virtuosismo de Gilels (The New York Times lo apodó 'el pequeño gigante') con Kirill Kondrashin transformando la LPO en una auténtica orquesta con sonido ruso.