«Es imposible imaginar el patrimonio violinístico actual sin el genio musical absoluto de Perlman». Daniel Barenboim. Perlman ya había grabado el Doble concierto de Brahms, en aquella ocasión junto a Mstislav Rostropovich y bajo la dirección de Bernard Haitink (1979). Aquí crea un diálogo igual de suntuoso con Yo-Yo Ma. Los dos intérpretes coinciden en brío y lirismo, y su manera de tocar está impregnada del mismo sentido de la alegría, ya que su entusiasmo y generosidad de espíritu se combinan. En efecto, la coherencia del sonido, del vibrato y de la entonación de estos dos solistas, cada uno en la cumbre de sus facultades, revela una comunión a la vez instrumental y espiritual. El vigor de los ataques y la potencia de los fraseos, sostenidos por la deslumbrante interpretación de la orquesta, añaden a esta interpretación una dimensión romántica raramente alcanzada, transformándola en un verdadero festín para los oídos.