Mito y Memoria, entrelazados como las dos caras de una moneda, a veces son indistinguibles y otras se alternan en su apariencia. Este viaje a través de épocas marca la progresión de una era rebosante de nobles aspiraciones a otra teñida de deterioro. En los extremos de este pasaje, emergen los Valses de Brahms y Ravel, siendo el epicentro el universo íntimo de los recuerdos de la compositora/pianista (Mariani), que abarca sus orígenes (Piezas sinfónicas) y su linaje (Nen Waltz). La danza, especialmente el vals, es un tema dominante aquí, que simboliza tanto el ocaso del siglo XIX como el cierre de todo un período. Los valses de Brahms y Ravel reinterpretan la forma tradicional del vals. Las versiones de Brahms encarnan un espíritu folk, evitando la opulencia y la sofisticación del salón, pintando un espectro emocional que va desde lo amable a lo sombrío, con ocasionales tonos de inspiración folk. Las interpretaciones de Ravels, por otro lado, están imbuidas de un aire melancólico, que no sólo señala el final de una era sino que también sirve como un presagio de mortalidad, con su ritmo rompiéndose y elevándose a algo etéreo. Entre los valses de Brahms y Ravel se encuentran las composiciones de los pianistas: las Piezas sinfónicas de 2022 y el Nen Waltz de 2021. Representan enfoques duales de la memoria: el primero como una narrativa colectiva que conecta los acontecimientos históricos con el reino del mito, y el segundo, como un recuerdo personal que se remonta a sus propios orígenes.