Cuando, el 26 de agosto de 2013, en el KKL Concert Hall, Abbado dirigió una interpretación de Bruckner con la Orquesta del Festival de Lucerna, se hizo presente en la sala una sensación ineludible de un final. Hasta el día de hoy, los presentes recuerdan el gesto de gratitud y agradecimiento del director en la ovación final. 'La Novena fue la despedida del mundo de Bruckner, y de Abbado. Esta actuación de 2013 logra sin esfuerzo lo sublime... Los ingenieros han hecho su trabajo a la perfección. Tanto el compositor como el director seguramente se habrían sentido felices con este resultado de su trabajo.'BBC Magazine 'Hay una intensidad en el juego de cuerdas... y una sensación de esfuerzo espiritual que culmina en uno de los relatos más sobrecogedores del gran adagio final que he escuchado. Este es un recuerdo conmovedor de un intérprete magistral: una Novena de Bruckner para todos los tiempos.' The Sunday Times.