Sedaris se va a la playa, en la costa de Carolina, para intentar desconectar de todo, pero no puede huir de sí mismo. Ni de su familia. Ni de su trabajo. Ni desu adicción a la pulserita que le cuenta los pasos.Ni del suicidio de su hermana. Ni de su padre de derechas. Ni de Donald Trump. ¿La única solución? Reírsede sí mismo y de sus miserias como catarsis necesariapara seguir viviendo.