No muy comunicativo como persona, Chopin reservó solo para el piano el secreto, más que las confidencias o confesiones, de su ser interior. Es como si el piano fuera su doble, resonando en armonía con su sensibilidad y recibiendo sus sentimientos, sus impresiones, incluso sus alucinaciones. En estas breves piezas, donde su sensibilidad armónica le permite crear un particular tratamiento de la sonoridad para producir los más delicados reflejos y los más finos matices, de abarcar la limpidez absoluta, y la gama completa del pianismo moderno. Además, las versiones aquí recogidas están todas interpretadas por los más grandes artistas.