Cien sombras transcurre en un mercado de electrónica de Seúl condenado a la demolición, un lugar alejado del brillo de las postales turísticas de la ciudad. Allí, Ungyo y Muye, dos jóvenes empleados que reparan aparatos electrónicos, comparten una vida marcada por la precariedad y el trabajo diario. Con un tono a medio camino entre lo cotidiano y lo fantástico, la novela introduce el motivo de las sombras que se despegan de las personas y cobran vida propia, como metáfora de quienes quedan al margen del progreso y la modernización urbana. Hwang Jungeun compone así un relato delicado y singular sobre la alienación, el afecto y la resistencia silenciosa de quienes habitan los márgenes de la gran ciudad.