Incluso ahora, al llegar a su octava década, con toda una vida de elogios y una obra musical seminal a sus espaldas, Robin Trower sigue persiguiendo la mayor euforia que conoce. Siempre empieza de la misma manera, con una Fender Stratocaster desgastada por la carretera y un amplificador Marshall a tope, esos dedos hábiles explorando el diapasón hasta que un riff pega y una nueva canción arranca. Y desde el punto álgido cultural del Londres de los sesenta con Procol Harum, pasando por Bridge Of Sighs, el éxito que llenó estadios en 1974, hasta el aclamado Come And Find Me de este año, son estos momentos adictivos de creación los que han mantenido al guitarrista vital, relevante y contemporáneo mientras sus colegas se deleitan con glorias pasadas.