De la Sérénade Grotesque a Le Tombeau de Couperin, las obras para piano de Maurice Ravel abarcan casi un cuarto de siglo de creación. Escuchar esta grabación de todas ellas es hacer un viaje, sumergirse en el corazón del mundo mágico del compositor del Bolero. Cada pieza es una joya única, una curiosa mezcla de disciplina y deleite que parece esbozar un retrato del compositor y alquimista encarnado en Ravel.