
?La propia banda es casi un quinto miembro de la banda, algo más o al menos diferente que la suma de sus partes?, afirma el Wolf Parade Spencer Krug. ?No sabemos quién o qué es responsible de nuestro sonido, es simplemente algo que surge de forma espontanea de este particular combo de músicos?. Ese sonido?complejo a la vez que accesible, una mezcla energética de glam, prog, synth-rock, y una incomodidad satisfactoria?ayudó a definir el indie rock de la decada de los 2000s con tres álbums que les ganaron toda una legión de devotos seguidores, y que no ha mermado en el largo hiato tomado por la banda, desde 2010. Ahora, y tras la edición de un EP y un puñado de masivos conciertos, Wolf Parade vuelven con Cry Cry Cry, su primer LP en siete años. El quinto álbum de la banda, producido por esa leyenda del sonido Pacific Northwest que es John Goodmanson (Bikini Kill, Sleater-Kinney, Unwound) en los Robert Lang Studios de Seattle, toma las mejores partes de aquello que hace a Wolf Parade tan inconfundiblemente eléctricos?los estribillos en perpetuo crescendo, los himnos rotundos, las guitarras a saco y las teclas caóticas?y encuentra la manera de hacerle un sitio a los mejores elementos prog. En el tiempo que han permanecido separados la banda se dispersó en lo geográfico y lo laboral ? Spencer en su proyecto Moonface, Dan Boeckner con sus bandas Handsome Furs, Operators, y Divine Fits (con Britt Daniel de Spoon), Dante De Caro en Frog Eyes y Blackout Beach, y Arlen Thompson dedicado a cuidar a su hijo y trabajar en algo ?normal?. All right - Let?s fight - Let?s rage against the night!