Deslizándose entre la naturaleza vivida y sentida la poesía de Ana nos transporta a su mundo lleno de sutilezas: «Deja el otoño un rastro de amarillos, ocres, rojos y granates. Nubarrones blancos como la leche en bloques de algodón recorren los cielos a velocidad variable según el viento que los transporta y los transforma, o grises de diferente grado se apelotonan amenazantes sobre los montes de mayor altura.