Una observación tan sencilla como la que recuerda quesi vivimos en un planeta con recursos limitados no parece que tenga mucho sentido aspirar a seguir creciendo ilimitadamente, acompańada de la conclusión, bastante plausible, de que hemos dejado muy atrįs las posibilidades medioambientales y de recursos que aquél nos ofrece, deberķa bastar por sķ sola para admitir, cuando no apoyar, la perspectiva del decrecimiento. Yello con un inevitable corolario que invita a recuperar la vida social que nos ha sido robada, a desplegarformas de ocio creativo, a repartir el trabajo, a reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras que empleamos, a restaurar un hįbitat local maltrecho o, en el terreno individual, a apostar por la sobriedad y la sencillez voluntarias. En este libro, partidista pero mesurado, Carlos Taibo argumenta de forma pedagógica y completa en favor de la perspectiva del decrecimiento, a la vez que aporta datos que la respaldan, fundamenta filosóficamente su buen sentido ydeshace de paso algunos malentendidos respecto a ella.