María y El Topo ejercen esa forma del amor que llamamos amistad. Amistad como gesto libertario, como resistencia afectiva en un escenario apocalíptico. El, unbello hermafrodita que ha decidido vender su cuerpoa los hombres, transgresor de un género que no posee,estímulo de pasiones enardecidas por dinero, habitante de un mundo en el que, paradoja mediante, no dejaingresar su propio erotismo. Su pasión está en otro lado. Ella, una mujer solitaria para quien el Topo, elángel de la historia, discípulo y amor imposible, parece ser el único modo de sustraerse a la destruccióndel tercer gran protagonista de la novela: la Ciudadde Buenos Aires, el hogar irredento.