Tras el fallecimiento de Lola, su nieta plasma en un diario su experiencia en torno a la vida y la muerte. A través de su propia reflexión sobre cuestiones como el duelo, el amor, la maternidad, los desafíos inherentes a la existencia y las relaciones sociales, familiares y consigo misma, la protagonista da rienda suelta a sus emociones con absoluta naturalidad y cercanía. Años después, y vaticinando su pronto destino, esta retoma la escritura mediante un texto que sutura la herida abierta antaño y activa una nueva cuenta regresiva. Al fin, el diario llega a manos de su nieta, quien plasma el epitafio que por siempre acompañará a sus predecesoras. Una herencia que constituye un puente entre generaciones, un diálogo entre mujeres con nombre legado unidas por la memoria, el dolor y la ternura. Porque ''vivir duele, pero el duelo es adaptación emocional, y la mía comenzó contigo, Dolores''.