Fia Riftborne tiene claras tres cosas: una es que los habitantes de Sídhe la odian por ser una Riftborne. La segunda es que siempre va a odiar a todo lo que represente la destrucción de su hogar, lo que incluye a la Guardia de Sídhe. La tercera es que, cueste lo que cueste, debe mantener a raya la maldición que la consume día a día. Pero su vida meticulosamente estructurada se viene abajo y acaba cometiendo un terrible crimen. Y lo peor es que el general más letal de toda la Guardia, Laryk Ashford, ha sido testigo de ello. Fia deberá tomar una decisión: aceptar unirse a la Guardia o la muerte. Y con una amenaza mayor cerniéndose sobre ellos, Fia deberá decidir si puede confiar en aquellos a quien odia o dejar que su poder destruya todo a su alrededor.