A finales de la década de 1950, John Barbirolli grabó las tres últimas sinfonías de Dvorak, 7, 8, 9, con la nueva técnica estéreo disponible, además de una selección de las Leyendas y el Scherzo Capriccioso. Esta iniciativa contribuyó en gran medida a ampliar la gama discográfica del compositor bohemio. Estas grabaciones, realizadas entre 1957 y 1959, tienen una excelente calidad de sonido y todavía están consideradas entre las mejores por los coleccionistas más exigentes, a pesar de todas las ediciones integrales que se sucedieron en los años siguientes.