Desde Moheau Montyon hasta nuestros días, el análisis demográfico ha seguido una trayectoria desigual y difícil. Durante el régimen liberal fue, lo mismo que la contabilidad nacional, casi totalmente descuidado, pues la sociedad estimaba que no era necesario conocerlo, ya que funcionaba mediante automatismos naturales que había que evitar tocar y a los que ni siquiera se debía saber cómo tocar. La demografía quizás haya sido víctima de su propio peso, de su inmensa importancia. Demasiado profundos para aparecer en la superficie de lo actual, los movimientos de la población no podían, en efecto, recibir la atención que se concedía a los precios, a los valores bursátiles, a las utilidades o, en última instancia, a la producción material. Como toda ciencia humana, la demografía no puede limitarse a los debates entre especialistas consagrados, precisa un apoyo tan amplio como sea posible para garantizar su propio progreso. La creación de institutos universitarios de demografía y, sobre todo, la del de la Universidad de París en 1957, ha llenado en parte una importante laguna, subrayando al propio tiempo la necesidad de una obra técnica de análisis demográfico. Profesor y demógrafo, Roland Pressat está particularmente capacitado para un trabajo tan delicado que exige no sólo un perfecto conocimiento del tema sino una aptitud pedagógica bien cimentada. Voluntariamente, Pressat ha evitado el escollo que casi podría llamarse de la lengua: más precisamente, del lenguaje matemático. Reconociendo que a la mayoría de los posibles lectores no les era dado comunicarse con él mediante este modo de expre-sión, el autor se les ha adelantado y ha descartado los medios, pese a todo preciosos, de la información matemática en la medida en que el tema lo permitía.