La historia de este disco está en la voz de Alba Molina, en su manera de cantar, contenida y sutil, y en los requiebros finales de cada fraseo. Cuando un vocalista 'dice' las canciones en lugar de cantarlas, las hace suyas y consigue que nosotros, los oyentes, encontremos mundos infinitos. Para poder llegar a este nivel de maestría hace falta tener talento y, también, duende, ese concepto legado por Lorca que no sabemos definir, pero sí podemos reconocer. Significa que no hace falta probar nada porque ya lo has demostrado todo. Es el caso de 'El beso' de Alba Molina.