El burdel es el escenario asfixiante donde se despliega una galería de vidas rotas, marcadas por el humo del tabaco barato, el olor a alcohol y la música que enmascara la miseria cotidiana de las mujeres que lo habitan. Alexander Kuprín retrata con crudeza naturalista la vida de un prostíbulo en la Rusia de principios del siglo XX, denunciando la explotación y la degradación humana tras la fachada de un negocio tolerado por la sociedad de su tiempo.