En pleno siglo XXI, una de las competencias sociales y cívicas más relevantes que se le exige a la enseñanza de la Historia es la formación del espíritu crítico a través de la construcción del pensamiento y la conciencia histórica. El alumnado ha de ser capaz de comprender, pro-blematizar e interpretar hechos y procesos para poder establecer relaciones entre el pasado, el presente y el futuro. El cine y la imagen constituyen una poderosa herramienta didáctica que funciona como catalizador para conectar la realidad social e histórica con los más jóvenes.