En este libro, Jan Doat nos descubre un método para la educación del lenguaje corporal que ofrece, sin duda, una ayuda práctica a los alumnos y alumnas de arte dramático Si se compara una obra de teatro con una sinfonía, se puede decir que el actor es, a la vez, el instrumentista y el instrumento, instrumentista, porque traduce, con su inteligencia, su sensibilidad y su sentido artístico un texto escrito, así como el músico traduce su partitura, instrumento, porque solo puede exteriorizarse con la voz, la mímica, los movimientos del cuerpo. La actuación sutil y emotiva de un personaje exige de los actores y actrices una fluidez expresiva que debe ser desarrollada.