En Nollop, una isla cercana a la costa, veneran a Nevin Nollop, creador del pangrama Jovencillo emponzoñado de whisky, ¡qué figurota exhibes! Por su devoción al ilustre paisano y por su amor a la lengua, los isleños le erigieron un monumento y colocaron en lo más alto, como homenaje a su destreza lingüística, unos azulejos donde podía leerse la iniciática frase. Un infausto día uno de esos azulejos cae al suelo y se hace añicos. El Consejo Superior Insular cree que la caída es un mensaje de su patrón desde el más allá y dispone que se prohíba el uso de esa letra en el habla y la escritura. Poco después cae otro más. La tragedia ha comenzado: muy pronto la lengua dejará de ser un instrumento fiable de comunicación, los libros y la escritura serán proscritos...