Elogio de la curiosidad recoge la labor de otro Bunge: no el filósofo, ni el físico, cómodo con abstrusas fórmulas matemáticas, sino el Bunge periodista, accesible, humorístico, divertido, interesado por todo y curioso de todo. En ese sentido, podríamos decir que el elogio de la curiosidad es de su propia curiosidad.