En 1723, en un momento en que tenía muy poco empleo regular, Vivaldi fue invitado a componer su primera ópera romana, con un libreto basado en la novena tarea de Hércules. Vivaldi dio lo mejor de sí, incluidos algunos éxitos de sus óperas anteriores, y creó una obra maestra que ejemplificó su rango expresivo y ofreció un catálogo de sorprendentes efectos orquestales y armónicos. La ópera tuvo tal éxito que el propio Papa solicitó que se representara.