El exceso -síntoma de la sociedad individualista y frenética del siglo XXI- proporciona cierta sensación de eternidad que no se puede saciar nunca por completo. Este es el motivo por el que la experiencia del exceso sea una fantasmagoría que, pese a su radicalismo, apenas ayuda a sobrellevar la existencia. Un lúcido ensayo sobre el exceso femenino y los delirios masculinos.