La finitud no es la muerte sino la vida. Si somos finitos es porque vi vimos siempre en despedida y no podemos controlar los deseos, recuerdo s y olvidos, porque el nuestro es un mundo que nunca nos pertenece del todo, ni será plenamente cósmico, ordenado o paradisíaco. Somos el re sultado del azar y de la contingencia y no tenemos más remedio que ele gir en medio de una terrible y dolorosa incertidumbre. Una vida finita no conseguirá eludir la amenaza del caos, ni estará capacitada para c ruzar las puertas del paraíso. Ser finito significa que no podemos cre ar a voluntad nuestra existencia, porque, querámoslo o no, recibimos u na herencia que nos obliga a resituarnos a cada instante.