El largo viaje que me ha llevado a la grabación de uno de los ciclos para piano solo más largos de Liszt comenzó hace muchos años, en las primeras etapas de mis estudios de piano. En ese momento, mientras sintonizaba casualmente lo que hoy se conoce como 'Radio Clásica', me topé con una de las obras más importantes del compositor húngaro: la Sinfonía de Fausto. Cautivado por esta música y sin conocer la identidad del autor (sin tener aún la formación necesaria para identificarlo), no sólo escuché la obra entera sino que también me comprometí a dedicar mi vida a este compositor, sin importar quién fuera. Muchos de los impulsos e intereses de nuestra adolescencia con frecuencia se desvanecen, pero no fue así con mi nueva pasión por Liszt, que ha crecido constantemente con el tiempo, junto con mi conocimiento de su vida y obra.