Albéric Magnard (1865-1914) y Louis Vierne (1870-1937), dos maestros franceses de las sonatas para violonchelo, destacan en una época de transición en la música francesa durante los primeros años del siglo XX. Mientras el impresionismo ganaba terreno gracias a Debussy y Ravel, algunos compositores se mantuvieron fieles a los ideales de claridad estructural y profundidad expresiva heredados de la tradición romántica. Entre estas figuras se encontraban Magnard y Vierne, cuyos trabajos para violonchelo y piano, ambos compuestos en 1910, se erigen como obras cumbre de la música de cámara francesa y ofrecen visiones contrastantes pero complementarias de su época.