Edvard Grieg (1843-1907) era un niño pianista talentoso cuando el violinista Ole Bull lo escuchó tocar y reconoció enseguida en él un talento que merecía ser cultivado. Si bien escribió una sinfonía y otras obras de gran formato, Grieg encontró su voz sobre todo a través del piano y de las canciones sin letra que llamó Piezas Líricas. Roberto Plano y Paola Del Negro aportan una interpretación refinada y colorida a la música de Grieg, distinguidos por su estrecha colaboración, su sensibilidad estilística y su amplia experiencia concertística internacional.