Sobre una delgada línea de 88 milagros en blanco y negro corretean las manos de los dos intérpretes. Asomados al abismo del pentagrama y tendidos sobre un sinfín de notas que las histriónicas manos de Isaac Albéniz crearon en esa España de lágrima viva y espíritu ardiente, estos dos pianistas murcianos, Miguel Ángel Rodríguez y Pedro Valero, reinventan al clásico y al genio elaborando una original y arriesgada versión de la Suite Iberia para piano a cuatro manos. Albéniz, cronista de aquella Andalucía tan nuestra, aparece por primera vez, y esto es tan atrevido como interesante, interpretado de esta inusual manera. La Suite pierde la forma original entre los invisibles dedos de los dos virtuosos, contorsionistas cuya complicidad sobre el escenario y fuera de él se asemeja a la de una porteña pareja de tango.