James Vickery está listo para abrir su alma al mundo. Su trayectoria ha sido todo menos ordinaria, marcada por la resiliencia y una profunda pasión por la música. Vickery es completamente sordo de un oído. A los ocho años, le diagnosticaron un crecimiento en la piel llamado colesteatoma. Una operación le salvó la vida, y un profesor de canto pronto descubrió sus asombrosas habilidades para el canto.