Con sus cuarenta y cinco preludios corales, la Orgelbüchlein da testimonio de un dominio del arte de la improvisación en el órgano, tal y como la congregación lo escuchó en su momento antes de cantar el himno a su vez. Fue un experimento tentador revivir esta función principal: al colaborar con las fuerzas combinadas del Ensemble Vocal Bergamasque y la Maîtrise de Notre-Dame de Paris, Benjamin Alard le da al 'pequeño libro de órgano' todo su significado y poder expresivo.