Kiwako entra en la habitación y ve al bebé. Se ha desabrochado el abrigo para meterlo dentro, como si lo envolviera. Después ha empezado a correr a ciegas. Desde ese día, Kiwako y el bebé robado vivirán una huidasin fin. La lucha desesperada de Kiwako por vivir sumaternidad atrapa al lector sin que pueda abandonarlalectura hasta un final que se lee con un nudo en la garganta.