No piensa mudarse, pero busca departamentos en alquiler. Lee avisos y visita casas habitadas, intruso fugaz en vidas ajenas. No necesita nada (y lo exaspera latecnología), pero vaga por internet comprando gadgets, cosas viejas, bichos embalsamados, por el placer deentrar en la historia de otros. Pero ¿qué pasacon Savoy — cincuentón quieto, aficionado a los rocesinocuos— cuando se cruza con Carla, una treintañerafeliz, sin apegos, que viaja de país en país cuidandocasas, mascotas, plantas de marihuana? ¿Cuál de losdos mundos cambia, se ilumina, pierde más la cabeza con elimpacto? Entre viajes, piletas y delirios digitales, La mitad fantasma explora una supersticiónque sigue desvelándonos: la idea de que en alguna parte hayalgo, alguien, a la medida exacta de nuestrosdeseos.