No hay prácticamente nada convencional en las canciones de Sonograma: las estructuras y la narrativa en la mayoría de las ocasiones desafían la mecánica del pop instantáneo pero sin generar una distancia emocional con quien las escucha. Los timbres y los arreglos son un intento permanente de colar la sorpresa con aspecto de familiaridad. Las letras no caen en nada parecido a inercias, frases hechas o retóricas herméticas. La franqueza convive perfectamente con la ironía, la candidez con la amargura y el costumbrismo con el comentario social.