La otra mitad de Dios señala la desaparición, en nuestra memoria, de la Diosa Madre, que precedió al Dios Padre, y sigue presente de diversas formas en ambas tradiciones que conforman nuestro imaginario: la Biblia y la mitología griega. La diosa, que aún domina la mitología mesopotámica, y cuyo culto, derrotado por el patriarcado, previó un mundo compartido por el hombre y la mujer, sin pecado ni castigo.