Pedro, enfermo de anginas, no puede ir a la escuela. Aburrido, da vueltas por casa cuando descubre, mezclada con juguetes olvidados, una vieja peonza con la que había jugado de pequeño. La peonza, después de tanto tiempo sin que nadie la recordara, presume de ser el juguete preferido del niño, pero no cuenta con que una pelota le quitará el protagonismo. ¿Hasta dónde llegarán la imaginación y, sobre todo, el corazón de la peonza para recuperar la atención de Pedro?