Dicen que la primera ostra era muy miedosa y vivía encerrada en su caparazón. Hasta que un día… ¡Plif! Un granito de arena cayó dentro de su casa y eso les cambió a ambos para siempre. Deberán compartir el poco espacio que el caparazón les brinda y, poco a poco, irán construyendo una convivencia de lo más especial. Un cuento sencillo y tierno para zambullirnos en una de las infinitas pequeñas historias que esconde el fondo del mar. Además, si después de leer este relato el mundo de las ostras te parece fascinante, al final del libro podrás encontrar tantas curiosidades como quieras.