Estamos ante una banda sonora que es mucho más que eso. Pertenece a la película que en 1984 abrió la lata del cine precario en presupuesto y transgresor en sus imágenes. La música está compuesta por Christopher Ried, influenciado por los pioneros de la música electrónica francesa, mirandose en Yan Tregger, Derry Hall o incluso Arsene Gedik.