Aquí asoma un niño, Lázaro de Tormes, que guía a un ciego. ¡Lazarillo! Comer apenas come, pero recibir golpes ¡sí! Incluso tendrá que disfrazarse de ratón para no morir de hambre, porque su segundo amo desconoce el verbo «compartir». Lázaro sí compartirá la limosna que consigue con su tercer amo. ¡Ay!, y seguirán sus amos. Es realmente un personaje para esta colección de cómic-clásicos. Golpes, risas, y flechas afiladas que dispara este inolvidable pregonero de Toledo.