Sumida todavía en los temores de una infancia carente de afecto, Lulú, una niña de quince años, sucumbe a la atracción que ejerce sobre éla un joven, amigo déla familia, a quien hasta entonces éla había deseado vagamente. Después de esta primera experiencia, Lulú, niña eterna, alimenta durante años, en solitario, el fantasma de aquel hombre que acaba por aceptar el desafío de prolongar indefinidamente, en su peculiar relación sexual, el juego amoroso déla niñez. Crea para éla un mundo aparte, un universo privado donde el tiempo pierde valor. Pero el sortilegio arriesgado de vivir fuera déla rélidad se rompe bruscamente un día, cuaño Lulú, ya con treinta años, se precipita, indefensa pero febrilmente, en el infierno délos deseos peligrosos.