Helena y su inigualable belleza, que resultó ser solo un hueso que los perros rabiosos se disputan, Casandra, cuyas profecías nadie atiende a menos que un varón las enuncie, la obcecada Amina, con la mirada fija en las ruinas, decidida a vengar la muerte de su rey, ¡Ay, las mujeres de Troya, atrapadas de nuevo en la ciega lucha de los hombres!