Por ello, más allá de constatar la diversidad y abundancia de canales de comunicación y formas de expresión, es preciso preguntarse no solo por cómo contamosy transmitimos, sino cómo entendemos lo sucedido. Unasunto especialmente relevante cuando lo que se transmite a generaciones más jóvenes es el conocimiento deuna historia que no han vivido y, por tanto, tambiénexpuesto a los efectos de una mala comprensión o unaerrónea percepción, que pueden ser más perniciosos que su cegadora ignorancia.